sábado, 26 de marzo de 2011

Carlos Real de Azúa

Hoy de mañana, en una clase de postgrado a la que tengo la suerte de asistir se habló de Carlos Real de Azúa y un cursante planteó la pregunta de si, en vista de su conocimiento enciclopédico y su propensión a tratar de omni re scibli, no podría ser un diletante. El profesor planteó entonces la borrosa frontera que hay entre el diletante y el genio. Me inclino a pensar lo último; un mero diletante no puede mostrar la lucidez, capacidad de análisis y de crítica que exhibía Carlitos (me gusta el diminutivo) ni cultivar su escritura arborescente.

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