Hoy tuve que utilizar una máquina de escribir para llenar un formulario. Una vieja máquina "Olivetti" de la década de 1970, carcasa y teclado de plástico y mecanismo de metal, casi no utilizada ahora, que reposaba a la orilla del río heraclitano de las computadoras personales, como aquellos barcos carboneros que jamás han de partir, agobiados por la "Niebla del Riachuelo" - tangazo. Para mi alegría y sorpresa, respondió perfectamente; estaba ahí, presta a funcionar, sólo esperaba la mano que oprimiera sus teclas; quizá deseando que alguien la usara. Es como el arpa de la Rima de Gustavo Adolfo; sus notas estaban "Esperando la mano de nieve/Que sabe arrancarlas."
Cuántas cosas útiles, equipos, máquinas, procedimientos, has sido arrastrados por esta postmodernidad tecnológica, que a veces parece devorarse a sí misma y a nosotros en el proceso.
Reflexiones melancólicas en una tarde estival. Conste.
martes, 18 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
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